Siete buenas prácticas de intervención con mujeres supervivientes de Mutilación Genital Femenina 

En nuestro día a día, desde la labor que realizamos en CEAR con mujeres migrantes y solicitantes de protección internacional, somos testigos de la realidad de aquellas que han sufrido Mutilación Genital Femenina.

Desde CEAR trabajamos para garantizar el acceso y el derecho al reconocimiento de asilo de mujeres que han sufrido Mutilación Genital Femenina y otros tipos de violencia contra las mujeres en sus países de origen. En la mayoría de las situaciones, esta práctica forma parte de un conjunto de múltiples violencias que se interrelacionan y generan un impacto profundo en la salud psicosocial de las mujeres

Esta práctica constituye una grave vulneración de los derechos humanos y una forma extrema de violencia contra las mujeres, por lo que desde nuestra entidad ponemos el foco en ofrecer un acompañamiento de calidad centrado sus necesidades específicas y orientado al empoderamiento y la garantía de sus derechos.  

Por eso, proponemos siete recomendaciones para tener en cuenta en nuestra intervención social con estas mujeres y niñas:   

  1. La construcción de la confianza y del vínculo favorece compartan sus vivencias, así como el acompañamiento y sus procesos de recuperación. Por eso, resulta clave respetar los ritmos y no abordar la Mutilación Genital Femenina de forma directa o abrupta. El respeto a los tiempos y procesos individuales contribuye a prevenir la revictimización y a sostener intervenciones más cuidadosas y reparadoras. 
  2. El acompañamiento respetuoso en la toma de decisiones, sin presiones ni expectativas externas, permite que cuestiones como la atención ginecológica o posibles procesos de reconstrucción se aborden cuando la mujer se siente preparada.
  3. El acceso a información clara y comprensible sobre derechos, recursos y mecanismos de protección permite que las mujeres puedan tomar decisiones informadas desde el conocimiento y la seguridad. 
  4. El trabajo en coordinación con entidades especializadas, especialmente aquellas que cuentan con mujeres referentes y mediadoras culturales, enriquece la intervención y refuerza la confianza de las mujeres atendidas.
  5. La incorporación de una perspectiva feminista, antirracista y decolonial ayuda a comprender la Mutilación Genital Femenina como una forma de violencia, evitando miradas estigmatizantes o simplificadoras. 
  6. El cuidado de los espacios seguros y del vínculo profesional se sitúa en el centro de la intervención, favoreciendo contextos donde las mujeres puedan expresarse sin miedo ni juicio. 
  7. El impulso de su protagonismo, de su autonomía y de sus voces, especialmente a través del trabajo comunitario, fortalecen los procesos de empoderamiento individual y colectivo.   

Puedes profundizar en esta formación accesible facilitada por Save a Girl, Save a Generation:  

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