En esta nueva edición conversamos con la que ha sido responsable de recepción en sede central los últimos años. María lleva ya 17 años trabajando en CEAR, ha pasado por multitud de puestos en nuestra organización y nos dice adiós para iniciar una nueva etapa de su vida tras su jubilación.
María empezó como voluntaria en CEAR Madrid en el Programa de Información y Orientación para personas migrantes (PIO): “Ahí aprendí mucho”. Reconoce que al comienzo no conocía nuestra organización y llegó por casualidad gracias a una amiga que le habló de CEAR. Los últimos años ha sido la primera cara que se encuentran las personas que llegan a la oficina de la Avenida General Perón de sede central, en busca de guía en su periplo migratorio.
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Los diferentes trabajos de María en CEAR
De formación psicóloga, María ha tenido diferentes responsabilidades en nuestra organización. En CEAR Madrid comenzó a trabajar en administración, ahí estuvo varios años hasta que pasó a Justificación Económica de Programas y de Proyectos. En 2011 dio el salto a Servicios Centrales y más tarde se encargó además de atender la recepción, responsabilidad que ha tenido hasta su jubilación.
Para María, uno de los mayores retos han sido las justificaciones y las auditorías porque los plazos que manejaba el Ministerio eran tremendamente cortos: “No teníamos los medios de ahora, tenía que ser todo en papel. Conseguíamos toda la documentación para presentarla por registro en un plazo récord”. Las anécdotas de esos tiempos se acumulan durante el tiempo que hablamos con ella: salidas precipitadas en taxi para llegar al registro poniendo literalmente el pie en la puerta para conseguir el sello antes de que cerrase el Ministerio sin tiempo de pagarle la carrera previamente, caravanas de motos para sortear el tráfico madrileño para llegar un minuto antes del cierre: “Hemos sufrido con esto, pero luego nos hemos reído un montón. Siempre lo hemos conseguido, no ha habido una justificación que no se haya entregado.”
Las personas y los valores de CEAR
Lo que más orgullosa le hace sentir de nuestra organización son sus valores y sobre todo la pasión de la gente que ha conocido en CEAR: “Supongo que va en el espíritu de CEAR, aquí siempre hemos sido luchadoras”. María recuerda los momentos más complicados de CEAR, como cuando hubo dificultades económicas y ellas seguían trabajando para sacar adelante lo que fuera necesario. Para ella, ha habido momentos donde CEAR ha pagado el precio por sus críticas denunciando la situación de las personas solicitantes de asilo: “CEAR era pequeñita y, como todas, ha aprendido también a sobrevivir y eso es un reto”.
Sus comienzos y su última etapa en CEAR
La ilusión de cuando empezó tapa en CEAR Madrid no la olvida. “Tienes otra edad, eres más joven. Mucha gente estábamos deseando que llegara el lunes para ir a trabajar.” Recuerda el ambiente que había entre los compañeros y compañeras, cómo se ayudaban y cómo sentían cada día que conseguían lo que se proponían. Ahora, desde su puesto de recepción ya no tiene esa presión de los números “Lo mejor es cuando hablo cada día con gente. Siento que ese día mi trabajo ha servido para algo. Gente que viene llorando y que se va reconfortada y con una idea de lo que tiene que hacer”. Con su jubilación a la vuelta de la esquina va a disponer de su tiempo de otra manera: “No voy a sentir prisa, voy a retomar actividades y amistades”. Nos comenta que necesita descansar, la atención personal diaria también tiene un impacto sobre ella.
Recomendación a quienes nos quedamos
María advierte de los retos a los que nos enfrentamos las personas que nos quedamos en CEAR: “Tenéis que apoyaros unas en otros y tener esa ilusión y esa pasión. No perdáis nunca de vista que trabajamos para las personas solicitantes de protección”. Para María es necesario que haya una realidad más directa con las personas para las que trabajamos.
Es indudable el hueco que va a dejar CEAR en su corazón, sobre todo de las personas que ha conocido a lo largo de tantos años. Nos comenta lo mucho que ha aprendido y crecido: “A mí CEAR me ha cambiado la vida… y creo que para mejor”
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Estamos impacientes por descubrir estas pequeñas grandes historias que, sin duda, hacen posible que seamos REFUGIO.

