El pasado 4 de marzo se cumplieron dos años desde que la UE activara la Directiva de Protección Temporal, un mecanismo extraordinario que otorga de manera inmediata permiso de residencia y de trabajo a las personas desplazadas por la invasión rusa de Ucrania. Desde el equipo de Inclusión nos acercan un poco más a las personas refugiadas provenientes de ese país a las que hemos atendido durante este tiempo.
En estos dos años, más de cuatro millones de personas de refugiadas de Ucrania están registradas en la Unión Europea como beneficiarias de protección temporal, casi 200.000 en España y 4.718 de ellas han pasado por recursos gestionados por nuestros equipos.
Las personas procedentes de Ucrania que han sido atendidas a través del programa de protección temporal han permanecido una media de 21 meses con CEAR. De aquellas que han terminado el itinerario, la mayoría son familias que han demostrado mayor autonomía. Otras personas, por el contrario, han precisado de un acompañamiento continuado y la mayor parte de las que se encuentran aún en el programa lo hacen de manera individual.
Al comienzo, la población ucraniana presentaba reticencias para pedir soporte psicológico comparada con otras nacionalidades porque su percepción inicial era que su estancia en España iba a ser corta. Dado que el conflicto es más largo de lo que esperaban, finalmente sí han recurrido a recibir apoyo para cuidar su salud mental que les permita poder asumir la nueva realidad y gestionar las pérdidas que ha provocado la guerra como la muerte de seres queridos, rotura de lazos sociales, etc. Un camino difícil de transitar que requiere un soporte multidisciplinar de gestión del duelo y adaptación al nuevo entorno. Se ha ofrecido una intervención fuera del dispositivo de acogida y en formato individual frente a la grupal, para poder ofrecer un espacio de mayor intimidad y seguridad, y reducir el estigma y la vergüenza.
Respecto a los niños y niñas ha sido fundamental la coordinación con los centros educativos para prevenir posibles situaciones de discriminación y detectar sintomatología que requiera una intervención especializada.
Ha llamado la atención el número de personas mayores de 65 años, lo que ha provocado implementar nuevas perspectivas en la intervención para su preparación para su autonomía. Muchas dejaron de percibir su pensión de jubilación y eso ha dificultado la cobertura de sus necesidades básicas, llegando en casos de extrema vulnerabilidad a que tuviéramos que buscarles recursos residenciales.
Además, las familias monomarentales también han sido numerosas, aunque en muchos casos porque el padre permanecía aún en Ucrania y sin poder contribuir económicamente al bienestar de la familia.

Estudios y situación laboral
Una amplia mayoría de las personas atendidas tienen como mínimo estudios de bachillerato finalizados, y un 62% estudios superiores. Muchas de ellas tenían empleos por cuenta propia o empresas en Ucrania. Los perfiles profesionales son muy diversos: informática, turismo y traducción, psicología, ingenierías, medicina y farmacia, comercial, etc.
Las personas provenientes de Ucrania suelen llegar con unas aspiraciones profesionales muy altas, eso ha provocado que algunas hayan mostrado ciertas reticencias a emplearse en sectores donde no han trabajado anteriormente. La conciliación familiar de las madres ucranianas también resulta un impedimento a la hora de buscar empleo y formación. Aquellas personas que se forman o muestran interés en hacerlo, además de buscar empleo, lo hacen sobre todo en los sectores de estética, marketing, deportivo y oficios (carpintería, instalación, etc.)
Principales dificultades en el proceso de inclusión
El idioma es una de las primeras y mayores barreras que se encuentran las personas ucranianas que participan en el Servicio de Empleo, porque generalmente presentan mucha inseguridad al comunicarse en español. Aunque participen en el servicio, su sensación es la de no estar preparadas para realizar acciones formativas o comenzar con la búsqueda de empleo al considerar que no tienen el nivel de español suficiente para poder comunicarse y hacerse entender. Todo esto dificulta y ralentiza la inserción y la consecución de objetivos a corto y medio plazo.
Nuestro equipo de Inclusión ha identificado, además, otras dificultades:
- Situaciones de alta vulnerabilidad sanitaria: personas mayores con enfermedades o secuelas de la vivencia de la guerra en su país, que se agravan al no ser tratadas a tiempo. A esto se le suma la diferencia cultural en el abordaje de la enfermedad
- Problemas de convivencia con otras personas de otros países participantes del programa.
- Altas expectativas y desajuste de estas, debido a que muchas personas en lugar de origen tenían puestos de responsabilidad y formación universitaria.
- Un proyecto migratorio sin clarificar, muchas de ellas con la certeza o la confianza de volver pronto a Ucrania.
- Desconocimiento del proceso para homologar documentos del lugar de origen, lo que dificulta y retrasa enormemente el proceso. Además, se añade la imposibilidad de homologación de títulos en España o asesoramiento en cuestiones educativas.
- Mantenimiento de la cultura de la mujer en el hogar y dedicada a los cuidados, lo que hace que muchas muestren dificultades añadidas o reticencias para incorporarse al mercado laboral mientras están al cuidado de menores.
- Dificultad para conciliar, sobre todo mujeres que han llegado con menores a su cargo.
Salida del sistema
La mayoría de las personas refugiadas ucranianas mantienen una alta vulnerabilidad porque tienen una impresión generalizada de haber tardado mucho en hacerse con el contexto y tienen la sensación de que el tiempo se les ha hecho corto.
En general, tras la salida del sistema muchas han decidido retornar a Ucrania, emigrar a otros países, percibir prestaciones públicas, o recurrir a redes familiares, entre otras.
La respuesta institucional ha sido muy amplia. Se han establecido líneas de trabajo y de respuesta a la emergencia que no se habían dado antes, lo que ha creado un agravio comparativo entre los usuarios y usuarias de otras nacionalidades.
Las personas ucranianas han generado una red comunitaria muy sólida de la que se han obtenido bastantes relaciones laborales, aunque en muchas ocasiones en situaciones precarias de contratación.

