En este encuentro reflexionamos sobre la violencia como un continuum que afecta a las mujeres migrantes y refugiadas en su tránsito, destacando cómo las políticas migratorias restrictivas y las desigualdades estructurales de género perpetúan estas violencias. Compartimos datos alarmantes, testimonios de nuestras compañeras y las propuestas de CEAR para garantizar una movilidad más segura y digna.
En palabras de Ahinara Alonso, Técnica superior de Inclusión y Genero, quien dio inicio a la sesión, el tema se enmarca en una violencia estructural, un continuum de agresiones que no comienza ni termina en las fronteras, sino que atraviesa todos los aspectos de la vida de las mujeres migrantes: “Migrar no es solo un acto de huida, sino también un acto de resistencia ante las violencias que marcan sus cuerpos y vidas”.

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A lo largo de las intervenciones, se destacó que el tránsito no es simplemente un paso entre el país de origen y el de destino, sino un limbo prolongado, en el que las mujeres enfrentan desigualdades, precariedad y peligros extremos. Según Belén Sánchez Técnica de Inclusión para el Programa de Personas Mayores, el concepto de tránsito implica «un intervalo geográfico y temporal donde confluyen violencias estructurales, físicas, simbólicas e institucionales». Las mujeres migrantes, señaló, “cargan la frontera en sus cuerpos”, una metáfora que ilustra cómo estas violencias las persiguen incluso tras llegar a su destino.
Durante su intervención, Belén aportó datos alarmantes que visibilizan la magnitud del problema. Se estima que casi el 25% de las muertes de mujeres migrantes ocurren durante travesías marítimas, muchas de ellas embarazadas o cuidando de sus hijos. Además, la falta de datos desagregados por género dificulta conocer el alcance real de estas violencias. «El tránsito está marcado por el aislamiento, la precariedad y, en muchos casos, por un sistema que no reconoce sus derechos», concluyó.
Laura Rosa Martínez, psicóloga de CEAR Málaga, compartió relatos impactantes de mujeres que ha acompañado. Una de ellas expresó que, en medio del desierto del Sáhara, se sentía aliviada porque “sabía que allí nadie la violaría”. Otro testimonio describía cómo el cuerpo de una mujer, después de haber sido abusado por varios hombres en un punto de tránsito, fue considerado «inservible» y, por ello, la dejaron en libertad. Laura subrayó que estas experiencias no son aisladas: “El 99% de las mujeres que atendemos han sufrido distintos tipos de violencias en tránsito, y esto deja cicatrices profundas en su salud mental y física”.
Sin embargo, también se destacó la resiliencia de estas mujeres, quienes desarrollan estrategias de supervivencia como migraciones colectivas, redes de apoyo y resistencia espiritual. En palabras de Belén, “no son sujetas pasivas, sino protagonistas de su propia movilidad, aunque el sistema las haga invisibles”.
El encuentro concluyó con propuestas concretas para mejorar la protección y atención a las mujeres migrantes. Entre ellas, se destacó la necesidad de habilitar vías legales y seguras, mejorar la formación con perspectiva de género en los equipos de intervención y garantizar servicios sanitarios y psicosociales adecuados.
Desde CEAR, seguimos trabajando para visibilizar estas violencias y garantizar que las mujeres migrantes puedan ejercer su derecho a una vida libre de violencia. Como se dijo durante el encuentro: «Hablar de estas violencias no es solo un deber, es un acto de justicia».

