En el Día Mundial de la Salud Mental, desde CEAR valoramos la importancia del acompañamiento a las personas refugiadas en el proceso de rehabilitación de la salud mental dañada por las consecuencias de la guerra, la violencia, la persecución o la huida, apoyando en la reconstrucción de un nuevo proyecto vital para las personas o núcleos familiares refugiados.
La Organización Mundial de la Salud define la salud mental cómo «un estado de equilibrio y bienestar físico, mental y social, en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades para afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de una forma productiva, y es capaz, de hacer una contribución a su comunidad.»
Cada vez más, observamos como los cuerpos violentados reflejan a través de la mente y distinta sintomatología psicológica allá donde las palabras no pueden llegar para describir el horror y el dolor.
Entre los problemas principales que encontramos destacamos: respuestas traumática, síntomas depresivo, ansiedad. Sintomatología relacionada con el duelo y la pérdida de todos los referentes vitales y significativos para las persona, así como dificultades relacionadas con el proceso de inclusión en la sociedad de acogida: adquisición del idioma, nuevas relaciones sociales, cambios en los roles familiares o discriminación, rechazo y dificultades de acceso al trabajo o a la vivienda.
En este sentido, los equipos psicológicos de CEAR, acompañan a las personas refugiadas, desde la fase de acogida, y a lo largo de todo el proceso de solicitud de protección internacional, en el camino hacia la recuperación y la inclusión social, en coordinación con un equipo interdisciplinar que trabaja, desde la fase de acogida hasta la inclusión y que favorece el empoderamiento y la autonomía personal y familiar.
No podemos hablar de recuperación emocional sin que exista un cierto grado de autonomía laboral, económica, social, jurídica…que permita poder tomar decisiones propias, así, como la participación social y el pleno reconocimiento de los derechos sociales y de la ciudadanía.
Es importante que las personas refugiadas puedan percibir el sistema de protección para personas solicitantes de protección internacional y refugiadas, como un sistema de reparación, de reconocimiento del daño y de la vulneración de los derechos fundamentales sufridos.
Ser capaces de darles voz y entender que las personas refugiadas suponen también un aporte, un enriquecimiento social, cultural y una fuente de aprendizaje. Reforzar los mecanismos de resiliencia evitando la victimización, escuchando desde la empatía y sin juicio, son elementos claves que pueden contribuir en la mejora de la salud mental, repercutiendo favorablemente en la restitución de los vínculos humanos y de la confianza rota por la violencia, en sí mismas, en las demás personas y en el mundo.
Servicio de Atención Psicológica de CEAR.

