El pasado martes hemos presentado los resultados del proyecto ‘Migración y envejecimiento activo’, una iniciativa que durante un año nos ha permitido investigar a fondo la realidad de las personas mayores migrantes en España. Ha sido un trabajo lleno de aprendizajes y emociones, en el que hemos querido destacar sus historias y necesidades, muchas veces invisibilizadas.
«La migración no tiene edad. Las vulnerabilidades son intergeneracionales», dijo Carlos Berzosa, nuestro presidente, durante la presentación. Y es cierto. A menudo, cuando hablamos de migración, se piensa en jóvenes o en familias, pero las personas mayores también migran y enfrentan barreras únicas. En este proyecto, hemos descubierto que sus desafíos son tan diversos como ellas mismas.
Por ejemplo, hemos visto que la mayoría de las personas mayores migrantes son mujeres de entre 50 y 64 años. Ellas enfrentan problemas que van desde el edadismo y la discriminación hasta la precariedad laboral, la falta de vivienda adecuada y la ausencia de redes de apoyo. Irene Arcas, directora de HelpAge España, señaló algo crucial: «Es un error diseñar programas sin tener en cuenta que este es un grupo muy heterogéneo. Debemos invitarles a participar, porque tienen muchísimo que aportar con su conocimiento y experiencia».
Entre los mayores retos identificados, se encuentra el duelo migratorio, una experiencia de pérdida y desarraigo que afecta tanto la salud física como mental. Laura Valiela, psicóloga de CEAR Madrid, lo resumió de forma contundente: «Para una persona mayor migrante, su vida cuando llega al nuevo país no es empezar desde 0, es desde -4 o desde -10. En su proceso migratorio pueden llegar a perder su trabajo, rol e identidad».
Este estudio no solo nos ha permitido entender mejor su realidad, sino que también ha dado lugar a una guía de buenas prácticas para fomentar el envejecimiento activo, porque queremos que estas personas no solo vivan, sino que lo hagan con dignidad y bienestar.
En palabras de Belén Sánchez, nuestra compañera y técnica del programa de personas mayores: «La visibilización de sus historias de vida es clave para favorecer procesos de inclusión plenos. Deben ser incluidas en todas las fases». Esto es algo que debemos recordar siempre: escucharles, incluirles y construir juntas.
Es cierto que aún quedan muchas barreras por derribar, como el acceso a servicios esenciales. María Josefa Zomeño, de Madrid Salud, nos recordaba que «la falta de acceso a la asistencia sanitaria pública supone una barrera importante para la población migrante», y esto se agrava con la edad y las enfermedades crónicas que muchas de ellas padecen.
Sin embargo, también hay esperanza y caminos que podemos recorrer juntas. Como bien apuntó Raquel Santos, directora de Programas de CEAR: «El acompañamiento a mayores migrantes debe ser personalizado. Es necesario construir un entorno donde se sientan activas y útiles».
Gracias a todas las compañeras que han hecho esto posible. Sigamos trabajando juntas para crear espacios más inclusivos para todas las personas, independientemente de su edad, origen o condición.

