Se cumple un año de la invasión rusa de Ucrania. Un año que ha requerido de todo nuestro esfuerzo, dedicación y compromiso para dar la mejor respuesta posible, como suele ser habitual, a las personas que tienen que huir por guerras, amenazas o persecuciones.
Una guerra que ha provocado la huida desesperada de más de 8 millones de personas del país, el mayor éxodo forzoso en el continente desde la II Guerra Mundial. Sí, una vez más se vuelve a superar otro trágico récord de desplazamiento forzoso y lamentablemente parece que esta cifra seguirá aumentando porque no se vislumbra aún su final.
La activación de la Directiva de Protección Temporal ha permitido a las personas refugiadas llegar a los países de acogida con menor riesgo para su salud, sus vidas y obtener protección de manera ágil. A esto se suma la implementación de dos nuevos programas exitosos por parte de nuestro país en los que hemos sido protagonistas: la creación de los CREADE, un ejemplo de coordinación entre instituciones y organizaciones; y el acogimiento en familias, dando respuesta a una demanda de participación ciudadana que llevaba mucho tiempo pendiente de abordarse institucionalmente.
[RESPONSABLES DE INTERVENCIÓN RESUMEN NUESTRO TRABAJO EN ESTE VÍDEO]
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Pero si hay algo que hemos demostrado una vez más durante este año es nuestra capacidad de flexibilidad, compromiso y resiliencia para responder rápida y eficazmente a otra emergencia, logrando ampliar en tiempo récord el número de plazas de acogida y reforzar todos nuestros equipos con el objetivo de que estas personas puedan rehacer sus vidas. Desde el inicio del conflicto, el 24 de febrero de 2022, en CEAR hemos atendido a 18.581 de estas personas, con un total de 95.825 actuaciones.
Acogida
Durante la fase de emergencia, comprendida del 1 de marzo al 31 de agosto, hemos contado con 1.822 plazas de emergencia, exclusivamente para personas procedentes de Ucrania, y también hemos habilitado una parte de las 1.650 de las que disponemos actualmente en Primera Acogida, en las cuales han convivido con personas de otras nacionalidades. A estas hay que sumar las 70 plazas que gestionamos en el CREADE de Málaga para personas que necesitan pasar unos días en este recurso hasta que puedan ser derivadas a otro dispositivo del sistema. Además, en este innovador centro hemos atendido a 13.222 personas, de las cuales casi 11.000 han salido con la documentación.
Esta ampliación de plazas nos ha permitido acoger 4.605 personas en recursos de Primera Acogida/Acogida de Emergencia, 1.024 en el CREADE y 459 en Acogida Temporal. Además, hemos acompañado a 44 familias en los nuevos programas de Acogimiento Familiar.
Entre las personas acogidas, destaca la presencia de personas en situación de vulnerabilidad, como familias con menores de diagnóstico oncológico, familias monomarentales, personas con problemas de salud severos o personas de avanzada edad. Actualmente 577 personas permanecen en Primera Acogida y 346 personas en Acogida Temporal, lo que supone un 16,1% del total de plazas bajo convenio.
Inclusión social
La garantía de recibir protección temporal ha facilitado el trabajo de intervención, posibilitando un itinerario con plazos realistas y sin preocupación de una posible denegación. Asimismo, las facilidades en cuanto al acceso a ciertos derechos básicos, que no se dan con personas de otras nacionalidades, también ha facilitado el avance con mayor agilidad de los itinerarios de inclusión.
Al menos 1.133 personas procedentes de Ucrania han pasado por la fase de autonomía de CEAR (1.001, actualmente). La gran mayoría son de nacionalidad ucraniana, aunque también hemos atendido a personas de otras 41 nacionalidades que residían en el país cuando fue invadido (rusas, marroquíes, georgianas, bielorrusas e israelíes, entre otras).
Más de 1.700 personas han requerido atención psicológica por parte de nuestros equipos. En un primer momento hemos trabajado fundamentalmente apoyándoles para afrontar el duelo migratorio y minimizar el trauma por las situaciones vividas. Hemos detectado niveles altos de ansiedad, cuadros de estrés agudo, ansiedad y preocupación por los familiares en país de origen, desorientación, problemas de sueño o problemas adaptativos, entre otros. Además, hemos identificado casos de trata de seres humanos con fines de explotación sexual, que hemos reportado en el marco del Protocolo del Sistema de Asilo del que formamos parte.
El 63% de las personas atendidas han sido mujeres, y más 1 de cada 5 era menor de edad. Muchas tienen estudios superiores. Sin embargo, nuestros equipos de inclusión han detectado enormes dificultades para que puedan encontrar un empleo: 261 personas han recibido nuestro apoyo con este fin, sin embargo, solo 41 han logrado insertarse laboralmente, especialmente en los sectores turísticos y de servicios. Un número que esperamos vaya aumentando gracias al apoyo para el aprendizaje del idioma que hemos brindado a 1.468 personas.
Pese a la positiva respuesta del sector empresarial con ofrecimientos de ofertas de trabajo para estas personas, en la mayoría de ocasiones las expectativas se han visto frustradas, tanto para las empresas solidarias como para las propias personas refugiadas, que no cumplían con los mínimos criterios para desarrollar las competencias del puesto por idioma, disponibilidad o conciliación.
Durante este año, cerca de 100 grandes y medianas empresas se han puesto en contacto con nuestra organización para ofrecer su colaboración en el ámbito de la empleabilidad de estas personas. Por este motivo, seguimos llevado a cabo talleres de empleo específicos para este colectivo, con el apoyo de personas mediadoras interculturales y traductoras en ucraniano-ruso-español. Las altas habilidades en TIC de la población ucraniana y que en general dispongan de dispositivos electrónicos han facilitado las clases en línea y el contacto y seguimiento por parte de las técnicas de Idioma. Sin embargo, hay que destacar también los problemas que están teniendo a la hora de homologar sus títulos, como le sucede al resto de personas refugiadas.
En este momento, vemos cómo las expectativas de retornar a su país han ido bajando y, en general, pero en especial las mujeres, han ido consiguiendo mayor estabilidad en su día a día (aprendizaje del idioma, escolarización de sus hijos/as, mayores expectativas de encontrar un trabajo, ayudas especializadas para menores con enfermedad o algún tipo de discapacidad, etc.). Esto repercute directamente en que tengan mejores perspectivas de inclusión en España. Sin embargo, el acceso a una vivienda digna sigue siendo uno de los grandes retos pendientes para todas las personas refugiadas, incluidas las ucranianas.
Estos datos solo reflejan una parte importante nuestro trabajo de intervención con las personas refugiadas, pero sabemos que esta emergencia humanitaria ha requerido de la máxima implicación de quienes formamos parte de CEAR, tanto en delegaciones como en servicios centrales. Porque gracias a cada una de vosotras y vosotros hemos demostrado una vez más que siempre que se nos necesita… SOMOS (R)EFUGIO.

