La mutilación genital femenina (MGF) es una de las múltiples violencias de género que enfrentan muchas mujeres solicitantes de asilo. En CEAR, trabajamos para brindarles un espacio seguro donde puedan iniciar su proceso de recuperación y reconstrucción de sus vidas a través de distintos programas de acogida.
Desde CEAR, somos conscientes de las necesidades específicas de las mujeres que atendemos, muchas de las cuales han sido víctimas de diversas formas de violencia. Por ello, nos esforzamos en garantizar que los espacios de acogida sean lo más seguros posible y que den respuesta a esas necesidades. A continuación, mencionamos algunos de los dispositivos y programas específicos con los que contamos, aunque existen muchos más:
🔹Programa de Acogida Vulnerables Leganés (antes FAMI: Programas de Acogida a Mujeres en Situación de Especial Vulnerabilidad): Se trata de un programa con pisos de autonomía donde las mujeres reciben un acompañamiento estrecho debido a su situación de especial vulnerabilidad. Actualmente, cuenta con 35 plazas y atiende a mujeres que han sufrido diversas formas de violencia, entre ellas la MGF, el matrimonio forzado y la violencia física, sexual y psicológica.
🔹 Programa de Atención Humanitaria Perfil Vulnerable en Cádiz (AHCEARCADIZ1): Un centro de acogida con 23 plazas destinadas a mujeres no acompañadas y unidades familiares monomarentales. Este programa es el primer acceso de muchas mujeres que llegan por costa y, desde su llegada, reciben un acompañamiento multidisciplinar en los ámbitos social, jurídico y psicológico.
Muchas de las mujeres acogidas provienen de países con alta prevalencia de la MGF, como Somalia, Mali, Mauritania o Senegal. En la mayoría de los casos, esta violencia no ocurre de manera aislada, sino en un contexto de múltiples agresiones que impactan profundamente su salud mental y emocional. El equipo de ambos programas trabaja con una perspectiva interseccional, abordando las diferentes formas de violencia y su impacto en la identidad, la seguridad y el bienestar de cada mujer.
Un acompañamiento que transforma vidas
El impacto de estos programas se refleja en historias como las de Fatha, Amina y Tenneh, mujeres que, tras huir de la violencia, han encontrado en CEAR un espacio donde empezar a sanar.
Fatha escapó de la violencia extrema que sufría en su país y, al llegar a España, recibió el apoyo necesario para reconstruir su vida.
«Cuando llegué, tenía miedo. No conocía a nadie. Pero alguien me recibió y por primera vez sentí que no estaba sola.»
Amina cruzó la ruta atlántica arriesgando su vida para huir de la violencia y proteger a su hija de la MGF. Su recuperación ha sido un proceso largo, acompañado por profesionales que han validado su historia y su dolor.
«Siempre me han abierto los brazos. Me acompañan, me ayudan, me escuchan. Soy una persona muy sentimental y mi sensibilidad es muy fuerte. Siempre hay alguien para acompañarme.»
«Nunca olvidaré cuando estuve hospitalizada. Me sentía débil y jamás me sentí sola en ese hospital. Todos los días me visitaban, se preocupaban y me daban noticias médicas que yo no entendía por el idioma. Este acto no lo olvidaré jamás.»
Tenneh, perseguida en Liberia por denunciar la MGF, logró huir con su familia y encontrar un espacio seguro en CEAR.
️ «Cuando llegamos, conocimos a nuestra trabajadora social, fue agradable y sonriente, y otra mujer nos decía que esta era nuestra casa, que nos sintiéramos a gusto. Recuerdo que lo que sentí fue alivio.»
«Nos hacen la vida más fácil aquí: nos acompañan al hospital, a la farmacia, formalizan la documentación del cole para los niños, nos ofrecen formaciones según nuestro nivel e intereses. Nos quieren ayudar todo lo que pueden para favorecer la pronta integración en la sociedad.»
Acompañarlas en su recuperación significa validar su dolor sin patologizarlo, ayudarlas a reconstruir su autonomía y fortalecer su autoestima. Espacios como estos son fundamentales para que estas mujeres puedan recuperar su voz, su identidad y su derecho a vivir libres de violencia.
Este trabajo no sería posible sin el esfuerzo diario de las trabajadoras sociales, psicólogas, abogadas, intérpretes y tantas otras personas voluntarias que, con dedicación y empatía, hacen que estas mujeres encuentren un lugar seguro donde reconstruir sus vidas. Gracias por su compromiso y sensibilidad.








